
Evitando que todo estalle: el secado por infrarrojos en las fábricas de semiconductores
Si se trata de secar obleas o sustratos en una fábrica de semiconductores, ya sabrá lo que implica el proceso. Por lo general, hay que lidiar con restos de limpieza que, para ser sinceros, son altamente inflamables. En ese tipo de entornos, una lámpara de infrarrojos convencional no es solo una herramienta; es también una fuente de riesgo. Una chispa mínima o un terminal sobrecalentado pueden causar un desastre.
Para evitar esto, abandonamos completamente el uso de lámparas expuestas al aire libre. En su lugar, utilizamos sistemas de infrarrojos encapsulados.
El secreto está en el sello hermético
No nos limitamos a cubrir la lámpara con una carcasa cualquiera. Utilizamos envoltorios herméticamente sellados, generalmente hechos de cuarzo o zafiro, protegidos dentro de carcasas a prueba de explosiones. Esto actúa como una barrera física entre el calor y los gases volátiles. Incluso si la lámpara se daña, el sello hermético evita que salgan chispas o calor excesivo hacia el interior de la cámara. Es simplemente una forma de garantizar la seguridad.
Lidiando con el calor
Aquí es donde muchos sistemas fallan. Las lámparas de alta potencia generan mucho calor. Si la propia carcasa se convierte en una fuente de ignición, todo vuelve a comenzar desde cero. Para evitar esto, utilizamos aleaciones y soportes diseñados específicamente para disipar el calor. De esta manera, el calor se dirige exactamente hacia el sustrato, mientras que la parte exterior de la carcasa permanece lo suficientemente fría como para no provocar una explosión.
El sacrificio necesario
Ahora bien, aquí está el problema. Al colocar un material entre el filamento y el sustrato, se pierde algo de esa eficiencia radiante. No se obtiene el 100% de la eficiencia que se tendría con una lámpara sin este material. Puede ser necesario aumentar la potencia de la lámpara o dejar que las piezas permanezcan bajo el calor durante más tiempo para que se sequen. Pero es un pequeño precio a pagar por un proceso que evita que el laboratorio explote.
Asegúrese de utilizar conductos a prueba de explosiones adecuados y revise cuidadosamente la calibración de los sensores, teniendo en cuenta esa distancia adicional. De esta manera, su proceso seguirá funcionando sin que nadie tenga que preocuparse por posibles incendios.